lunes, 22 de abril de 2019

PRUEBA DE SUPERVIVENCIA (Relato)





Son las 7:00 AM , me encamino hacia el gran portón que me arroja al cemento, separándome de la tranquilidad de mi apartamento , voy presurosa para alcanzar la buseta de color amarillo, que trae un letrero en la parte de adelante que dice en letras muy negras y grandes RUTA 4, levanto la mano en señal de pare  y me subo, encontrándome con ocho personas que van colgadas como racimo de plátanos, logro asirme a la agarradera que va por fuera del bus e igual que ellos voy sostenida del pie izquierdo, el derecho cuelga hacia la calle; comienza la medición de fuerza entre la puerta y Yo, el conductor trata de cerrar la puerta, pero si la cierra , ¡por favor! Mi brazo no es biónico, porque si fuera así me lo podría quitar y volverlo a colocar a la velocidad de luz, pudiendo viajar totalmente adentro, así que pegada a la puerta, como una estampilla, mi fuerza pelea con la potencia de la puerta electrónica, al fin alguien se baja, es el momento oportuno para soltar la agarradera, meter el pie derecho e impulsarme para alcanzar el otro escalón de aproximadamente 50 centímetros de alto y empieza la segunda parte de supervivencia.

 Por un instante miro mi mano derecha que ha cambiado de color, está pintada es una hoja de “papel carbón”, pienso que no he entrado a la Registraduría a cambiar la cédula, porque esto justificaría que mi mano estuviera totalmente untada de tinta negra, grasa, asfalto,  ¡uf, huelo a petróleo!, me asusto, ¿qué raro?, la buseta no es un pozo petrolero, y aún no ha pasado por ECOPETROL, me tranquilizo un poco pensando que ya todo ha pasado, más o es así, aún falta lo peor, el bus frena terriblemente porque acaba de meterse por el carril del Transmilenio, me agarro de un tubo y comienza la tercera parte de mi historia, asida a ese tubo me convierto en la mejor contorsionista , me contorneo, mi cuerpo se mueve de un lado para otro, me suelto, solo una mano me sostiene, vuelvo y me agarro y no saben lo que me imagino para que la vida sea más agradable, varias personas comienzan a pasarme plata, por un momento creo que lo estoy haciendo muy bien, cuando alguien me dice por favor le pasa al conductor, despierto de mi sueño y no entiendo cómo puedo hacer este tipo de favores, le paso el dinero a otro pasajero que está en iguales condiciones, el bus se convierte en una cadena de apoyo y luego se entregan las vueltas, pero la felicidad ni siquiera puede durar un recorrido de bus, suelto el tubo para prenderme de la barra de arriba, la cual está  colocada, justo al pie de las ventanas y vuelvo otra vez a mis acrobacias, mi cuerpo se va hacia adelante o hacia atrás, con una inclinación de ángulo obtuso, corriendo el riesgo que si me voy encima de alguien me insulte o me diga “si quiere la cargo”, y eso que llevo la cédula colgada para ver si alguien se compadece y me cede el puesto,  pero esto no sucede y me doy por bien servida, guardo la cédula y me finjo de “cuarenta”, viajando en estos buses he aprendido el oficio de acróbata y he  rejuvenecido.

Al fin alguien se levanta y me abalanzo sobre el puesto, tiro el bolso, me empujan, todos quieren sentarse, eso es como una piñata que acaban de tumbar, todos a una, pero ya la silla está con mi cartera, así que a empujones logro sentarme, para bajarme a las cuatro cuadras.

jueves, 4 de abril de 2019

POR LOS CAMINOS DE MIS HAIKUS-"RECUERDOS DE MI NIÑEZ"


1.

Silencia el borrador  
historias que escribe
el lápiz del colegio

2.

El lápiz con punta
Esconde su mirada
del sacapuntas.

3.

Mi mamá me mima
 cartilla “Alegría de leer”
 eras alegoría.

4.

 la boca saborea
el caramelo de panela
al quitarle el papel

5.
De niña jugaba
cocli, cocli, al que lo vi, lo vi
y el tiempo se escondía.

6.

Ronda de juegos
Niños cogidos de la mano
Saltan en los charcos

7.

con una cuerda
Saltan los niños descalzos,
con sus sueños

8.

La niña juega
Con la burbuja huidiza
¿Podrá atraparla?