miércoles, 20 de marzo de 2013

ALMAS CUAL DESIERTO CALCINANTE.




El arrebol nacarado de su bella cabellera, adornada con una hermosa guirnalda de flores, ondeaba al viento robándole al ocaso su hechizo; la voluptuosidad de su túnica, se abría al ritmo de la suave brisa mostrando sus encantos,  que incitaban a la seducción y se escondían tras los velos que cubrían de manera cadenciosa la redondez de sus caderas.

De su brazo colgaba un hermoso brazalete de oro, bordado de esmeraldas y diamantes, resaltando la tersura de su piel; Montada sobre un hermoso alazán, cabalgaba queriendo beberse el viento, desafiando las arenas del desierto, y el intenso calor que ardía refulgente, deseando llegar a tiempo a su cita , donde sería iniciada en todos los ritos del amor.

El calor arreciaba y las arenas se levantaban nublándole los ojos, pero su compromiso y el deseo de encontrarse con  aquel hombre de ensoñación, quien la esperaba finamente ataviado con su turbante a cuadros rojizos y blancos y su bello ropaje blanco que resaltaba su piel canela y sus bellos ojos negros.

Al llegar se apeó del caballo, sí, ahí estaba él, su amor, su dueño, cuando sus ojos la vieron se iluminaron con una amplia sonrisa mostrando sus maravillosos labios entre abiertos, que iluminaron su rostro.

Sobre el desierto la gran tienda del jeque moro, tules y más tules colgaban de la misma, el delirio y las ganas se abanicaban en el campamento haciéndose el amor con sus miradas, el oasis con las palmas copulaba y a su alrededor los cactus silenciosos se abrían al placer.

La atracción no se hizo esperar, la sangre se agolpó en sus venas, dos montañas aparecieron erguidas y el volcán de su hombre ardió sobre su regazo, sus cuerpos llamas ardientes encendieron juegos pirotécnicos, calcinando las sinuosidades del desierto, al final del delirio se dio paso a un océano de tranquilidad, sus cuerpos dormitaron, a su lado el Kamasutra suspiró, su misión había tenido éxito.

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