jueves, 15 de febrero de 2018

ESTA CASA ME PERTENECE

 

Parada al pie de la puerta, algo llamaba poderosamente mi atención, no sabía si timbrar o por el contrario dar media vuelta y alejarme cuanto antes de este sitio. “Esta casa me pertenece” decía la inscripción en la parte de arriba de la entrada, ¿Me pertenece? ¿Quién osaba decir algo así?, era la casa de mis mayores, todos debían estar como siempre en su sitio preferido, haciendo sus labores, descansando o recostados sobre las sillas mecedoras, desperezándose.

Con mis maletas, cansada del largo viaje, decidí tocar, esperé un buen rato, volví a llamar a la puerta, pero nadie abría, ¿Qué raro?, pensé por un momento, ¿Quién me iba a estar esperando, si no había avisado de mi llegada? Quería darles la sorpresa, no obstante, volví a timbrar, de pronto escuché unos pasos presurosos detrás de la puerta, al fin se abrió esta, saliendo un soplo helado de la casa, ¡Hola! Pablito, Leonorcita, Ana, ¿dónde están que no responden?, feliz, pero un poco preocupada, dejé mis maletas en el corredor y comencé a recorrer la espaciosa casa, sí allí estaban Ellos, los vi pasar corriendo a esconderse detrás de los árboles del gran patio interior, Yo también hice lo mismo, corrí detrás de ellos, deseaba abrazarlos, pero cuando me acerqué al tío Pablo, este se esfumó en mis brazos, sorprendida, recordé que hacía unas pocas horas el avión en el que viajaba se había siniestrado.

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