sábado, 23 de septiembre de 2023

EL HOMBRE DE PAPEL


 

Un día cualquiera, Ramona se despierta, estira su brazo hacia el lado izquierdo para darle los buenos días a Jacinto, pero no lo siente, piensa por un momento que debe estar en el baño o preparándole un delicioso café, espera unos minutos, lo llama, pero nadie responde; un poco preocupada, se levanta y se dirige a la cocina, no sin antes mirar hacia el baño cuya puerta estaba abierta, regresa a su cuarto y mira al fondo del apartamento hacia esas dos alcobas que siempre permanecen cerradas y donde nunca pudo entrar por expresa prohibición de su pareja.

Pasan las horas, el reloj de péndulo con su campana ruidosa marca las 9 de la mañana. Preocupada decide entrar a dichas habitaciones. Presa de curiosidad busca las llaves y abre una a una cada puerta. Ambas alcobas estaban colmadas de libros; sus paredes se pierden entre las bibliotecas y los libros apostados sobre ellas. El polvo cubre todo el espacio, estornuda en repetidas ocasiones, esa alergia al polvo en ella era muy evidente, llama, pero el silencio es muy elocuente, Jacinto no está allí. Mira al piso y ante su vista aparecen infinidad de periódicos arrumados por fechas, algunas de estas ya no se ven, han desaparecido cubiertas por el polvo. No logra entender por qué Jacinto colecciona tanto periódico. Que tuviera estantes de miles de libros tiene una razón, él es un apasionado de la lectura; pero, que coleccione periódicos no tiene explicación alguna, y menos cuando hoy día cualquier noticia puede ser consultada en las redes. Son cúmulos de papel inamovibles ―achís, achís, achís, achís, achís―.

Tuvo que salir apresuradamente, sintió que su pecho se cerraba, casi no podía respirar, no obstante, un olor característico le llamó poderosamente la atención, ese olor penetrante de macho en celo, se preguntó: ¿Qué raro? Huele a él, pero no lo veo; su olfato la guía de nuevo hacia su alcoba, mira por todas partes, abre su closet, está todo perfectamente doblado y acomodado: las medias, los pantaloncillos agrupados por colores, sus pastillas, libros y más libros; libros sobre las mesas de noche igualmente llenas de polvo; de las lámparas cuelgan telarañas; mira hacia la cama, de pronto descubre que en el sitio que él ocupa siempre para dormir, hay un cúmulo de papel periódico formando la figura del cuerpo de un hombre, sí un hombre de su estatura.

Piensa que es una broma, se sienta y se pone a leer noticias del año 1972, que eran las que sobresalían. Pasaron varias horas, días, años, hasta descubrir que el que estaba allí, a su lado izquierdo, era él, Jacinto, ¡se había convertido irremediablemente en un periódico!, así es que cada día ella podía conocer todo lo que había sucedido en el mundo. Su cuerpo, diariamente cambiaba de información: tiras cómicas, noticias sociales, fútbol y más fútbol. Un domingo leyó una historia titulada «¿Qué sucedería si algún día descubres que tu hombre es solo papel periódico?». Y, más abajo decía en letras mayúsculas ÚLTIMA NOTICIA: «un hombre incineró a su pareja prendiéndole candela con unas cerillas y avivando el fuego con papel periódico».

Solo ese día Ramona decide salir de ese apartamento, temiendo por su vida. Eso sí, contrató a una empresa de acarreos, para que le llevaran a su nueva casa todo el periódico que había allí. En su lecho solo quedó Jacinto, al lado izquierdo de la cama.

(Imagen de la web) 



No hay comentarios:

Publicar un comentario