domingo, 9 de diciembre de 2012

Reencuentro con el amor


En los tiempos de Oráculos y Sibilas, existió un sitio en Grecia llamado el “Jardín del amor”,  donde  las  flores  en un torbellino de colores, se abrían majestuosamente mostrando su voluptuosidad, de tal forma que excitaban   los sentidos.
Psique, rindiéndose al hechizo exótico del canto de aquel turpial  que entonaba hermosas melodías y que  precedía  la llegada de la poseedora del amor de Eros, mostraba su majestuosidad  ataviada con suaves velos  diseñados con finos bordados, ribetes en oro y plata y en tonalidades azul, violeta, aguamarina y rosado, similares a los naturales diseños de las alas de las mariposas Monarca.
Su cuerpo flexible como oleaje suave, se movía con gracia y encanto acompasadamente al ritmo del Laúd que interpretaba Eros; el cielo regalaba su azul turquesa en las aguas del estanque colmado de peses cromáticos;  el amor esperaba pacientemente,  estremecido de ardor, imaginando a Psique con su piel nacarada, palpitante y ansiosa, languideciendo sobre su regazo, pidiéndole  a gritos recorrer todas sus moradas, descubrir sus más profundos secretos con su cuerpo transpirado de ardor, Él esperaba que Ella  le demostrara todo su amor.
La espera era eterna, todo estaba dispuesto para la ceremonia, el sol en todo su esplendor emitía rayos multicolores, matizando como un gran diamante todos los espacios; el cielo abierto parecía una gran amatista, destellando visos violetas y envuelto en esta sintonía de amor se asomaba ruborizándose, mezclándose  entre las ramas de los frondosos árboles, quienes sacudían sus cabezas, mirándose y admirando el preámbulo de lo que estaba por suceder.
De repente se produjo un silencio total, jamás en la vida las esencias habían emitido tales fragancias, todo hacía prever que aún sin haberse visualizado, sin tan siquiera tener contacto, el amor había impregnado todos los espacios. Los pétalos se abrieron entregándose a esta sinfonía, los pájaros al unísono desplegaron toda su belleza aromatizada de mil colores; el jade hizo su presencia para que esa energía singular no desapareciera, Eros y Psique en su nuevo reencuentro, reconociéndose;  los ojos de Él como obsidianas de singular belleza, hablaban de su amor por Ella; una ráfaga de viento sacudió su cabellera dorada, sus pasos armoniosos se aproximaron, la tomó entre sus brazos, la tendió sobre el tapiz verde esmeralda acariciando suavemente todo su contorno, de los senos de Psique brotaron mieles, el navegó de manera acompasada sobre suaves olas, sus cuerpos con estertores de muerte, se sincronizaron rítmicamente, sus labios se unieron, se nutrieron, se extasiaron. ¡La polinización había comenzado!.

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